Durante años nos prometieron que la inteligencia artificial nos iba a quitar trabajo de encima. En 2025, dos investigadoras de UC Berkeley decidieron comprobarlo. Su plan fue visitar una empresa de tecnología para estudiar cómo la IA afectaba el trabajo de sus equipos.
La empresa pagó herramientas de IA
Las dejó al alcance de todos y sin forzar a nadie, y lo que pasó quizá te suene familiar. La gente empezó a usarla libremente. Reportaban que hacer más se sentía posible y, en muchos casos, gratificante. Así que tomaban tareas que no eran parte de su rol.
Los gerentes de producto, los diseñadores y otras áreas de la empresa empezaron a tomar tareas de ingeniería, como programar. Se sentían más productivos, con una herramienta que les ayudaba y nunca se cansaba.
Pronto, la IA invadió lugares y momentos que no le correspondían, y el trabajo dejó de tener pausas.
La gente le escribía durante la comida, en las juntas o mientras esperaba que cargara un archivo. Algunos le dejaban un último encargo antes de irse, para que la máquina siguiera trabajando. Los ingenieros pasaban cada vez más tiempo revisando y corrigiendo.
Y así, el ritmo y las tareas fueron creciendo en silencio, hasta que, después de meses de observación y entrevistas, Ranganathan y Ye empezaron a detectar un patrón.
La gente trabajaba más horas, muchas veces sin que nadie se lo pidiera. Saltaba de una tarea a otra y cada vez tenía más pendientes abiertos. Y entonces llegó el cansancio, y con el cansancio, las malas decisiones.
Al final, la productividad que tanto había crecido empezó a caer. La IA no les había reducido el trabajo. Lo había intensificado.
Lo más inquietante fue que, durante meses, nadie lo vio venir. Por fuera, todo se veía bien: más velocidad, más tareas, más trabajo entregado.
El volumen no mostraba lo que costaba producirlo, y nadie se lo preguntó.
Las autoras lo concluyen así
Sin reglas claras, es difícil distinguir una mejora real de un ritmo que no se puede sostener.
La pregunta que deberíamos hacernos, entonces, es: ¿cómo usar la IA para incrementar la productividad sin desgastar al equipo?
Ranganathan y Ye proponen crear una práctica interna de uso de inteligencia artificial, con normas y rutinas intencionales, como: hacer pausas antes de tomar decisiones importantes, asignar tiempos de concentración en lugar de saltar entre tareas, y promover el contacto y el diálogo entre personas.
Desde el lado del dueño de la empresa, también creemos que debe cambiar la cultura, para medir la productividad con base en resultados y no en la cantidad de trabajo hecho.
Mucho trabajo no es productividad aunque aumente los resultados; es la señal más clara de que el ritmo no es sostenible y pronto se puede romper.
¿Tu equipo usa la IA para trabajar más o para lograr mejores resultados?
